¿Se puede negociar un contrato de alquiler para que sea más ventajoso?

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Tradicionalmente, España ha sido siempre un país “de propietarios”, hasta el punto de que pedir una hipoteca para poder comprarse una casa es uno de los hitos vitales a los que todo trabajador aspira… O aspiraba, hasta ahora. Cada vez más, el alquiler se está convirtiendo en la solución de vivienda preferida por los españoles, ya que la compra de una casa exige contar con una cantidad de ahorros de los que no todo el mundo dispone en estos tiempos de crisis e incertidumbre. Y, además, tiene la ventaja de que, si sabes jugar tus cartas, puedes conseguir un trato muy favorable para tu bolsillo. Negociar un contrato de alquiler para que sea más beneficioso no es una utopía: siguiendo una buena estrategia, puedes conseguirlo.

Lo que debes tener en cuenta antes de negociar un contrato de alquiler

El contrato de alquiler o arrendamiento consiste en la cesión temporal del uso y disfrute de una vivienda por parte del propietario a un arrendatario a cambio de un importe mensual o renta. En la legislación española, se regulan en el título VI del Código Civil y en la Ley de Arrendamientos Urbanos, en los que se establece que el contrato de arrendamiento es un negocio jurídico que se rige exclusivamente por la voluntad de las partes, sin más formalidades que las del respeto a la ley y el sentido común (es decir, no se pueden incluir cláusulas contrarias a derecho ni condiciones que vayan en contra de la legalidad).

Pero, excluyendo estos límites lógicos, queda abierto un amplio campo de negociación para que las partes pacten lo que sea más beneficioso para sus intereses. Generalmente, todos los contratos de alquiler siguen un modelo muy parecido y la mayoría de sus cláusulas se rigen por los usos y costumbres habituales, pero en realidad muchas de ellas se pueden pactar de mutuo acuerdo sin necesidad de aceptar obligatoriamente las que imponga el arrendador de forma unilateral.

cómo negociar un contrato de alquiler

Qué clausulas se pueden negociar

  • La duración del contrato. Suele ser de un año con prórroga por un máximo de cinco, pero nada impide que las partes pacten una duración más larga en función de sus necesidades. Ten en cuenta que el cambio constante de inquilinos sale más caro al arrendador que tener a la misma persona durante mucho tiempo, por lo que pactar una duración a largo plazo puede ayudarte a conseguir una rebaja en el precio.
  • El precio. Los caseros no suelen estar muy abiertos a negociar el precio en un primer momento, pero todo depende de las circunstancias y de tu capacidad de aportar ventajas adicionales al propietario en su lugar. Por ejemplo, el alquiler a largo plazo, comprometerte a devolver la casa limpia, arreglada y pintada o asumir el pago de impuestos o los gastos de comunidad podría ser un punto a favor. Si al arrendador le corre prisa el alquiler, o si llevas siendo su inquilino muchos años, es más fácil que accedan a negociar.
  • La actualización del precio de la renta mensual. Suele hacerse anualmente conforme al IPC, pero no es obligatorio. Si no consigues rebajar el precio, siempre puedes intentar pactar que no te lo suba.
  • Garantías y avales adicionales a la fianza. No es extraño que los caseros lo pidan antes de alquilar un piso, pero el inquilino no siempre puede asumirlo. Puedes negociar, en cambio, la contratación de un seguro por impago de alquiler y sufragarlo de tu bolsillo, que siempre será más barato a la larga.
  • La prohibición de tener mascotas en la vivienda. Aunque en el contrato ponga que no se permite la entrada de mascotas, si tienes perro o gato puedes negociar la eliminación de dicha cláusula a cambio, por ejemplo, de una fianza adicional que cubra los posibles gastos de reparación en que se pudiera incurrir
  • Alta de los suministros, gastos de comunidad y pago de impuestos. Especialmente interesante si la vivienda es nueva y todavía no se han contratado. El hecho de que, como inquilino, te ofrezcas a hacerlo, puede ser una baza para rebajar el precio. Lo mismo ocurre con los impuestos, que suelen correr a cargo del arrendador (salvo la tasa de basuras, que corresponde siempre al inquilino), pero que puedes ofrecerte a pagar a cambio de una rebaja o de otra ventaja que te interese (como, por ejemplo, una opción a compra).

Cómo abordar la negociación

No son muchos los inquilinos que conocen este derecho a negociar que les asiste a la hora de formalizar el arrendamiento y los que lo hacen no siempre se atreven: al fin y al cabo, el arrendador es el dueño de la vivienda y está en su derecho de alquilarla bajo sus condiciones sin la obligación de negociarlas. Pero, con tacto, educación y conocimiento de causa, se puede sacar partido de algunas cláusulas del contrato.

Entablar una buena relación con el casero, ser siempre amable y respetuoso con él, controlar los precios de los pisos similares que se alquilan cerca, estar al tanto de la demanda de habitabilidad de la zona (ya que, si esta es baja el casero tendrá más dificultad para encontrar inquilinos) y conocer a la perfección tu contrato son los puntos clave en los que te tienes que basar para negociar un contrato de alquiler con éxito.

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